Gastronomia
Perú Pone a Salvo su Sazón: Ajíes Nativos Viajan a la “Bóveda del Fin del Mundo”
El Perú ha dado un paso crucial para la seguridad de su patrimonio agrobiológico y su identidad culinaria. El Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA) ha depositado un total de 25 variedades de semillas de ajíes nativos en la Bóveda Global de Semillas de Svalbard, en Noruega, popularmente conocida como la “Bóveda del Fin del Mundo” .
Este envío estratégico asegura la conservación de ingredientes fundamentales que definen la gastronomía peruana y la agrobiodiversidad del país, protegiéndolos de cualquier amenaza futura, ya sea climática, sanitaria o de otra índole.
¿Qué se ha depositado?
La “joya de la corona” de este depósito son 25 variedades de ajíes nativos peruanos, especies clave que otorgan el sabor y el picor característico a innumerables platos nacionales. Entre las variedades enviadas se encuentran:
- Ají Amarillo: Imprescindible en el lomo saltado y la causa rellena.
- Ají Panca: Clave para adobos y el anticucho.
- Ají Charapita: Un pequeño, pero potente ají de la Amazonía.
- Otras variedades criollas que representan la vasta diversidad genética de los ajíes en el Perú.
Esta acción busca salvaguardar la información genética única de cada uno de estos cultivos.
¿Dónde se guardan las semillas?
El tesoro de ajíes peruanos se conserva en la Bóveda Global de Semillas de Svalbard, un depósito de máxima seguridad ubicado en el Ártico noruego.
Diseñada para resistir catástrofes, esta instalación subterránea funciona como una reserva de respaldo para los bancos de genes de todo el mundo. Las condiciones de frío extremo (naturalmente bajo cero) y el permafrost garantizan la conservación de las semillas durante siglos. Es, en esencia, la póliza de seguro definitiva para la agricultura mundial.
¿Por qué es una acción trascendental para Perú?
El depósito en Svalbard es vital por dos razones principales:
1. Resguardo de la Agrobiodiversidad y la Seguridad Alimentaria
Perú es reconocido como uno de los centros de origen y diversificación de la papa, el maíz y, por supuesto, los ajíes. Proteger estas variedades nativas es esencial para mantener la base genética que puede ser necesaria para el desarrollo de cultivos más resistentes a plagas y al cambio climático en el futuro. Asegura que, sin importar lo que suceda a nivel global o local, las semillas podrán ser recuperadas y replantadas.
2. Protección de la Identidad Cultural y Gastronómica
El ají es más que un ingrediente; es un símbolo de la identidad cultural peruana. Es el corazón de la sazón y un pilar fundamental de la aclamada gastronomía peruana. Al garantizar la existencia futura de estas variedades, el INIA y el Perú están protegiendo un legado cultural que se remonta a miles de años de historia agrícola.
Con esta medida, el Perú reafirma su compromiso con la protección de sus recursos genéticos, asegurando que el sabor y la diversidad de sus ajíes perduren para las próximas generaciones.